Disección Urbana : Rostros ocultos, seguridad expuesta

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Por Alfredo Pérez 

Redes Sociales: @alfredoperezmx

En Tijuana, el Bando de Policía y Gobierno ha establecido una regla que parece sencilla pero encierra un debate complejo: prohibir el uso de máscaras, capuchas o cubre rostros en la vía pública, salvo en casos festivos o autorizados. 

La medida, que busca reforzar la seguridad, se vuelve especialmente relevante en un escenario cotidiano: los motociclistas que ingresan a restaurantes para recoger pedidos, muchas veces con el rostro cubierto por casco integral o simplemente por el cubrebocas.

La pregunta es inevitable: ¿qué pesa más, la comodidad del repartidor o la tranquilidad de los comensales?

El rostro es identidad, es confianza. Cuando alguien entra a un espacio cerrado con la cara oculta, la percepción inmediata es de amenaza e inseguridad. No importa si se trata de un trabajador honesto que solo recoge comida: la imagen evoca riesgo. 

En una ciudad marcada por algunos hechos de violencia, la prevención no es un lujo, es una necesidad.

El Bando de Policía no pretende criminalizar a las y los motociclistas ni a los repartidores, sino evitar que la normalización del rostro oculto abra la puerta a la impunidad. 

Los robos exprés, la intimidación y la fuga rápida en motocicleta son realidades que han dejado cicatrices en la comunidad.

Sin embargo, la norma también nos obliga a pensar en el equilibrio. Durante la pandemia, el cubrebocas fue símbolo de responsabilidad. Hoy, en un contexto distinto, se convierte en un dilema: ¿cómo distinguir entre protección sanitaria y ocultamiento sospechoso?

La respuesta está en la prevención inteligente:

• Restaurantes que habiliten zonas de entrega seguras en la entrada, evitando el ingreso de motociclistas con casco.

• Repartidores que colaboren retirando el cubre rostro al identificarse, mostrando respeto por la norma y por la comunidad.

• Autoridades que acompañen con campañas de difusión y operativos preventivos, más pedagógicos que punitivos.

La seguridad no se construye solo con sanciones, sino con cultura cívica. El rostro descubierto es más que una obligación legal: es un gesto de confianza hacia la ciudad que habitamos.

En tiempos donde la violencia busca disfrazarse de rutina, mostrar el rostro es un acto de transparencia y de paz.