
Tijuana.- Fela Aníkúlápó Kuti no solo fue un músico excepcional: fue el creador del afrobeat y una de las voces más incómodas y valientes del siglo XX. Nacido en Nigeria en 1938, logró transformar la música en un instrumento político, social y cultural que trascendió fronteras.
Su obra no puede entenderse únicamente desde lo sonoro, sino como una expresión de resistencia frente a la opresión, la corrupción y el autoritarismo.
El afrobeat surgió de la fusión que Fela construyó entre el highlife africano, el jazz, el funk y ritmos tradicionales yoruba. Durante una estancia clave en Estados Unidos a finales de los años sesenta, entró en contacto con el movimiento Black Power y con figuras que influyeron profundamente en su conciencia política.
A partir de entonces, regresó a Nigeria con una visión clara: crear una música que representara a África moderna, combativa y orgullosa de sus raíces. El afrobeat se caracterizó por largas composiciones, secciones rítmicas hipnóticas, metales potentes y letras directas, cantadas en pidgin inglés para llegar a las mayorías.
Más allá de la música, Fela se convirtió en un férreo defensor de los derechos humanos. Utilizó sus canciones para denunciar la brutalidad policial, los golpes de Estado, la corrupción gubernamental y la influencia neocolonial en África.
Su comuna, la República de Kalakuta, fue un símbolo de resistencia y autonomía cultural, lo que lo llevó a sufrir persecuciones constantes, arrestos y violentas represiones por parte del Estado nigeriano. Incluso tras la muerte de su madre, Funmilayo Ransome-Kuti, como consecuencia de un ataque militar, Fela nunca suavizó su discurso.
El legado de Fela Kuti es inmenso y sigue vigente. Musicalmente, el afrobeat influyó a generaciones enteras y sentó las bases para artistas contemporáneos como Seun y Femi Kuti, así como para el auge del afrobeats moderno y la música global de raíz africana.
Históricamente, dejó el ejemplo de un artista que no se separó jamás de su contexto ni de su responsabilidad social.
Fela demostró que la música puede ser una forma de lucha, un archivo de la memoria colectiva y un acto de rebeldía permanente. Su voz sigue resonando como un llamado a la dignidad, la conciencia y la libertad.
ANP.



