
A más de dos meses de haberse anunciado, las y los aspirantes del partido MORENA a la gubernatura de Baja California continúan esperando la prometida encuesta de posicionamiento que, según la dirigencia nacional, definiría el rumbo interno rumbo a 2027.
Fue en octubre de 2025, durante una visita a Tijuana, cuando la presidenta nacional de MORENA, María Luisa Alcalde, aseguró que en diciembre se aplicaría un sondeo para medir a quienes aspiran a encabezar la candidatura al gobierno estatal. Hoy, 7 de enero, el resultado no ha sido presentado ni se ha informado si dicho ejercicio se realizó.
No es un asunto menor. En MORENA, las encuestas se han convertido en el método recurrente —y a veces opaco— para definir candidaturas. Rara vez se conoce la empresa responsable, la metodología o incluso la existencia misma del estudio, lo que alimenta suspicacias tanto al interior del partido como entre la opinión pública.
La lista de aspirantes es amplia y diversa:
la senadora Julieta Ramírez,
el alcalde de Tijuana Ismael Burgueño Ruiz,
el exdelegado federal Jesús Ruiz Uribe,
el senador Armando Ayala,
la alcaldesa de Ensenada Claudia Agatón,
y la diputada federal Evangelina Moreno.
Sin embargo, no todas las precampañas informales han avanzado con la misma pericia. En semanas recientes, Claudia Agatón y Evangelina Moreno han enfrentado tropiezos que las colocan en una posición incómoda.
En el caso de la alcaldesa de Ensenada, el semanario ZETA publicó una acusación grave: el presunto envío de fajos de billetes como regalos navideños, a través de su exjefe de prensa. Aunque Agatón negó los señalamientos, el daño político está hecho. En tiempos donde la narrativa anticorrupción es bandera de MORENA, cualquier sombra resulta letal.
Por su parte, la diputada federal Evangelina Moreno cometió un error clásico de la política temprana: dejar correr, a través de su círculo cercano, la versión de que ya es la candidata, por ser “la favorita” de la presidenta Claudia Sheinbaum. Una afirmación no solo imprudente, sino contraproducente en un partido que presume disciplina y procesos internos, aunque estos sean poco claros.
En contraste, han optado por la cautela el alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño, y la senadora Julieta Ramírez, quienes parecen seguir el viejo adagio político de que “trabajo mata grilla”, concentrándose en su agenda pública sin estridencias ni declaraciones adelantadas.
Aunque el calendario electoral aún marca distancia, dentro de MORENA ya se reconoce que la o el eventual precandidato deberá estar definido antes del inicio del Mundial de Futbol 2026, un plazo que revela que la sucesión en Baja California ya corre, aunque oficialmente nadie lo admita.
La encuesta que no llega se ha convertido, por ahora, en el primer gran síntoma de tensión interna. En política, los silencios también comunican. Y en MORENA Baja California, el silencio empieza a pesar.



