EDITORIAL/ Marina del Pilar bajo fuego

Sin duda alguna, la que terminó fue una semana cuesta arriba para la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda. 

La mandataria emanada de MORENA quedó en el centro del debate político tras la revelación informativa de que su exesposo, Carlos Torres Torres, es investigado por la Fiscalía General de la República (FGR) por presuntos actos de corrupción, e incluso por supuestos nexos con el crimen organizado, señalamientos que, aunque aún no concluyen en resoluciones judiciales, han tenido un fuerte impacto político.

Durante varios días, Marina del Pilar tuvo que dar la cara en prácticamente todo el estado y a nivel nacional, respondiendo cuestionamientos sobre un tema que, si bien no la involucra legalmente, la alcanza políticamente. En la lógica del poder, las explicaciones privadas no bastan cuando la opinión pública exige claridad.

Llamó la atención que el señalado no haya tenido el valor político de ofrecer una rueda de prensa. Carlos Torres Torres optó por el camino más cómodo: una carta enviada por correo electrónico, evitando el escrutinio directo de los medios y las preguntas incómodas. En los hechos, abandonó a su suerte a su exesposa, dejando que el costo político recayera únicamente en la gobernadora.

Como si esto no fuera suficiente, en el mismo periodo Marina del Pilar enfrentó otro frente de crisis: los bloqueos de la carretera Transpeninsular en San Quintín, protagonizados por un grupo reducido de manifestantes que mantuvo cerrada durante días la principal vía de comunicación de la península.

El conflicto provocó daños millonarios al sector agrícola del sexto municipio, afectó a jornaleros, productores y cadenas de suministro, y rebasó claramente la capacidad de respuesta de la alcaldesa Miriam Cano, dejando al descubierto la fragilidad del gobierno municipal ante una protesta de alto impacto.

En medio de este escenario adverso, la gobernadora optó por la vía política. Este fin de semana logró un acuerdo con los inconformes, lo que permitió destrabar el conflicto y restablecer la circulación en la Transpeninsular. Fue, sin duda, un acierto en una semana marcada por la crisis y la presión mediática.

Ese acuerdo no borra los cuestionamientos que hoy pesan sobre su entorno personal, pero sí demuestra que cuando el conflicto escala, el poder real sigue concentrado en el Ejecutivo estatal. Marina del Pilar logró apagar un incendio social justo cuando su capital político estaba bajo asedio.

La gobernadora cierra la semana golpeada, pero de pie. El saldo es mixto: una crisis personal convertida en problema político, y una respuesta efectiva ante un conflicto social que amenazaba con desbordarse. El fuego sigue encendido, pero por ahora, Marina del Pilar logró contener las llamas.

La pregunta es si la próxima semana traerá respuestas claras… o nuevos frentes de batalla.