
La caída de su fundador abre una pregunta inevitable en el tablero de la seguridad nacional:
¿Estamos ante el principio del fin del Cártel Jalisco Nueva Generación o frente a una reconfiguración aún más peligrosa?
El impacto simbólico es enorme. El liderazgo histórico del Cártel Jalisco Nueva Generación marcó una era de expansión territorial, confrontación directa con el Estado y control estratégico de rutas clave para el tráfico internacional.
Pero en el mundo del crimen organizado, la captura o caída de un líder no siempre significa desarticulación. A veces significa fragmentación. Y otras, consolidación.
El precedente: cuando cae un capo
La historia reciente de México lo demuestra. Tras la detención de figuras emblemáticas del Cártel de Sinaloa, lejos de desaparecer, la organización vivió disputas internas que derivaron en violencia focalizada.
Cuando un liderazgo centralizado se rompe, suelen abrirse tres escenarios:
1. Fragmentación violenta: células regionales disputan control territorial.
2. Sucesión pactada: un liderazgo interno toma el control y mantiene cohesión.
3. Reacomodo estratégico: alianzas temporales para sostener rutas y mercados.
La incógnita es cuál de estos caminos tomará el CJNG.
Baja California: territorio clave
Para Baja California, el análisis no es teórico. La entidad es pieza estratégica por su frontera con Estados Unidos y su dinámica portuaria.
En momentos de reconfiguración criminal, las zonas fronterizas suelen convertirse en escenarios de ajuste de cuentas o disputas por control de cruces y rutas.
La “tensa calma” que se ha vivido tras eventos recientes podría ser indicio de contención… o de reorganización silenciosa.
¿Fin o transformación?
El CJNG se caracterizó por una estructura vertical fuerte, disciplina operativa y capacidad de expansión rápida. Si existía una línea de mando clara, la sucesión podría estar prevista.
Pero si el liderazgo era altamente personalista, la fractura podría detonar violencia en distintos estados.
La pregunta central no es solo si cae una organización.
La pregunta es si el Estado está preparado para evitar que el vacío genere una guerra interna.
El factor político y la narrativa
En tiempos de debate público, la caída de un líder criminal puede interpretarse como victoria institucional. Y lo es, en términos operativos.
Sin embargo, la experiencia mexicana muestra que el debilitamiento de una cúpula no siempre reduce la violencia en el corto plazo. A veces la redistribuye.
En la Mesa de Análisis Político de Baja California, la conclusión es clara:
Más que el final de una organización, podríamos estar frente a un punto de inflexión.
El verdadero indicador no será la captura en sí, sino lo que ocurra en los próximos meses en las calles, en las fronteras y en la disputa territorial.
Porque en el crimen organizado, los liderazgos caen… pero las estructuras, si no se desmantelan por completo, tienden a adaptarse.
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