Memorias de un Criminalista: Las artes en las ciencias forenses

0

Por Alfredo Perez MX

Fue en 1987 cuando en un espacio confinado se resguardaban las evidencias que eran recolectadas de las escenas de crímenes por el personal del laboratorio de criminalística de aquella entonces Policía Judicial. Un lugar que al tiempo que era un almacén de evidencias también eran archivos que guardaban más de quince mil huellas dactilares y tarjetas con nombres de personas aseguradas así como álbumes fotográficos en blanco y negro que eran producto de las fichas o controles de personas que habían sido detenidas por la policía.

Sobre los archivos metálicos de color gris descansaban cuchillos ensangrentados, herramientas, botellas y cualquier objeto que pudiera reunir algún indicio para la investigación. También había objetos de mayor tamaño y no podemos omitir que hasta restos de muestras, pelos y otros materiales orgánicos asegurados y recolectados por el laboratorio de criminalistica eran colocados mientras se procesaban.

Sin embargo, para los años ochenta tambien era resguardado un cráneo el cual descansaba arriba de los archiveros, esta peculiar evidencia fisica la trabajaría posteriormente Omar Orta Rodríguez quien era el Jefe de Laboratorio de criminalística e Identificación de la Policía.

Ahí, en aquella oficina administrativa donde recibíamos desde personas detenidas hasta indicios para procesar y oficios emitidos por el Agente del Ministerio Publico, se encontraban esos restos óseos que habían sido encontrados en las inmediaciones entre Tijuana y Tecate.

De esta evidencia física, Don Omar Orta junto con otros dos detectives realizaban los primeros retratos hablados a lápiz basados en descripciones, rasgos antropométricos y reportes encontrados en los archivos.

Las medidas del cuerpo humano para la identificación de personas eran indispensables en los dictámenes que realizábamos en los años ochenta. Retratos hablados y reconstrucciones cráneo faciales eran la ruta que tomaría el señor Orta para la posible identificación de dicho cráneo que de acuerdo a los datos preliminares se presumía podía tratarse de una mujer.

Quizás las nuevas generaciones que hoy estudian las licenciaturas en criminalística o criminología conocían el retrato hablado, por referencias en otros países o porque en algún profesor de aquella escuela les dijo que en la décadas de los noventas, en México la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal y el Instituto de Antropología de la UNAM implementaron un sistema de “retrato hablado” asistido por computadora, conocido como La cara del mexicano. Un sistema desarrollado a nivel de países como Alemania, Francia, España, Estados Unidos e Israel.

Es oportuno precisar que en esa década de los noventas se daban avances muy significativos en materia de ciencias forenses en nuestro pais y precisamente por allá en 1992 asistíamos a la ciudad de México a la inauguración de los Laboratorios de Criminalística Dr. Rafael Moreno González ubicados en la delegación de Tlalpan e instalados en el Instituto de PGR.

Sin embargo, en los ochentas aun no surgia en Tijuana estos avances, la ausencia de sistemas informáticos era una realidad, las investigaciones muchas veces dependían de las habilidades artísticas que tenían algunos detectives y estas se utilizaban para la elaboración de retratos hablado mediante técnicas de lápiz, carbón o pasteles.

El retrato hablado era una etapa de lo que Omar Orta estaría realizando con el acompañamiento de otros detectives en Tijuana, mediante esta disciplina artística a través de la cual se elaboraba el retrato de una persona que era buscada, se encontraba extraviada o de identidad desconocida y que posteriormente con el apoyo de los medios impresos en aquella década, se publicaban para lograr reunir pesquisas importantes.

Con los retratos elaborados como base del trabajo para la identificación de dicho cráneo, se reunieron otros elementos como testimonios y datos fisonómicos aportados por personas que habían levantado reportes de extravió de algún familiar, de tal manera que mediante un dibujo creado por un artista formado y, especializado en recrear rostros como fue el detective Orta, se realizaron los trabajos de reconstrucción facial, empleando otras técnicas artísticas como la escultura con barro, plastilina o arcilla apoyado con peritos en medicina legal y odontología forense.

En este contexto y, a pesar de las limitaciones tecnológicas que prevalecían en los años ochenta en Baja California, gracias al talento artístico de Don Omar Orta Rodríguez y al ojo clínico para la fotografía de Don Alfredo Pérez Osorio y José Luis Padrón se dio un paso muy importante en materia de investigación forense, pues del retrato hablado convencional realizado a través de una entrevista con el denunciante o testigo del delito, se realizaron aproximaciones morfológicas a partir de una imagen defectuosa en fotografía o antiguas fotografías de la persona desaparecida, hasta llegar a dibujar, sobreexponer o plasmar progresivamente la edad avanzada del desaparecido o la aproximación de como luciría según el conocimiento en antropometría forense.

De esta manera muchas investigaciones tuvieron excelentes resultados sin importar las limitaciones materiales o tecnologicas, basados en principios, habilidades artisiticas, conocimiento cientifico y otras tecnicas pudimos ser testigos de estos logros hace mas de tres decadas.

Deja una respuesta